La expansión de Osorno, una ciudad que se extiende sobre terrazas fluviales modeladas por el Rahue y el Damas, ha llevado la construcción hacia zonas con depósitos de cenizas volcánicas y suelos de origen glacifluvial. Esta realidad geológica exige soluciones de contención que superen las limitaciones de los métodos gravitacionales. El diseño de anclajes activos y pasivos surge como la respuesta técnica para estabilizar excavaciones profundas y taludes en estos materiales, donde la cohesión aparente puede variar drásticamente con la humedad. Un sistema de muro de contención convencional a menudo resulta insuficiente si no se complementa con elementos que transfieran las cargas a estratos más competentes, especialmente en las laderas que miran hacia la cuenca del río.
La principal ventaja del anclaje activo en Osorno es la eliminación de deformaciones iniciales en la estructura a contener.
